¡Me gustaría clavarte la espada! Sin embargo más me encanta bailar con mi sonrisa.
En el desayuno, saborear el jugo de mis frases sería mi mayor placer y no una degustación. A las diez de la noche, cenar con mis palabras y mis susurros excita mi mayor experimentación. ¡Este segundo plato es mejor que los infinitos combinados del Bulli!